Es uno de los bosques de sabinas mejor conservados del planeta; desarrollado sobre terreno llano, de carácter calcáreo y a 1.000 metros de altitud, algunos de los ejemplares de esta masa arbórea monoespecífica alcanzan un porte y una edad notables (14 metros de altura, más de cinco metros de diámetro y cerca de dos mil años de existencia).
En las inmediaciones del sabinar aparece la medieval y sugestiva silueta de Calatañazor, uno de los pueblos más bellos y evocadores de toda la región; rodeado de un impresionante precipicio y presidido por el imponente perfil de su castillo, Calatañazor presenta unas estrechas y empedradas calles a las que se abren casas porticadas construidas con adobes y gruesas vigas de enebro.
Como el resto de la provincia soriana, este sector estuvo ocupado por las aguas del mar de Tethys durante el Paleozoico, originando una sedimentación marina de carácter transgresivo o regresivo, según momentos; con la Orogenia Hercínica tuvo lugar un ligero plegamiento que durante el Mesozoico va a ser barrido por el avance y retroceso de la línea de costa; el Terciario comienza con el levantamiento de estos depósitos, que en este sector se traduce en un anticlinal, hoy totalmente arrasado, lo que permite observar las calizas que se fraguaron durante el Cretácico y sobre las que se asienta el Sabinar de Calatañazor.
Las condiciones climáticas de la zona, con intensos y duraderos fríos invernales, heladas tardías, sequía estival, fuertes contrastes térmicos, unidas al escaso desarrollo del suelo, resultan adversos para la vida de un gran número de especies vegetales, por lo que muy pocas especies han podido acoplarse a este medio; para ello se necesita poseer órganos adaptados a reducir la transpiración (hojas aciculares y escamiformes cubiertas por una gruesa cutícula) y desarrollar importantes aparatos radicales que les permitan profundizar en el suelo o cubrir una amplia zona para poder obtener el agua y los nutrientes necesarios; todas las características anteriores las cumple la sabina albar (Juniperus thurifera).
La importancia que adquiere este Espacio Natural se debe a las sabinas en él presentes, con unas especiales características debido al gran porte y talla que alcanzan de manera bastante homogénea sus ejemplares; esto es consecuencia, principalmente, a la ubicación del sabinar al pie de la ladera y en zona de descarga del acuífero, en el fondo del valle, sobre suelos profundos que favorecen su crecimiento, pero también, debido al uso ganadero que durante siglos se ha dado a esta extensión de monte.
En el matorral, destacan las comunidades de enebro o sabino (Juniperus communis ssp. hemisphaerica), estepa, lavándula, espliego, cantueso, tomillo, mejorana, ajedrea, biércol, etc.
En la escasa superficie de este Espacio Natural, con importantes actuaciones humanas, pocas son las especies faunísticas que pueden tener aquí su hábitat, residiendo únicamente las de pequeño tamaño y territorio reducido, al tolerar mejor la presencia del ganado y del ser humano; las de mayor tamaño, básicamente lo utilizan como zona esporádica de campeo.
Las viejas sabinas, en muchos casos de troncos huecos, albergan especies que encuentran aquí cobijo y protección, como murciélagos, lirones, palomas, mochuelos, cárabos, abubillas, picos, páridos, trepadores, etc., siendo estas, las principales especies que pueblan el Sabinar.
Toda esta comarca fue, en épocas pretéritas, un centro de gran importancia cultural, como lo atestigua el elevado número de monumentos y restos arqueológicos que se han conservado hasta nuestros días.
Calatañazor es una localidad rebosante de leyendas e historia; fue testigo de la batalla entre cristianos y sarracenos, capitaneados éstos últimos por Almanzor, a partir de la cual estos territorios pasaron a formar parte de la Corona de Castilla; declarada Conjunto Histórico-Artístico, conserva una interesante muestra de arquitectura popular a base de construcciones hechas con entramados de madera de sabina, unidos por encestados de ramas y enlucido de barro, muros de adobe o ladrillo, piedra de mampostería y sillería y las típicas chimeneas pinariegas perfectamente conservadas; la iglesia de Santa María del Castillo, la ermita de la Soledad, la plaza con su rollo y las ruinas del castillo y de la muralla que rodean la villa, hacen de esta localidad una visita obligada.
En Muriel de la Fuente encontramos la Casa del Parque, centro de interpretación de los espacios naturales del Monumento Natural de la Fuentona y de la Reserva Natural del Sabinar de Calatañazor, donde podremos solicitar información sobre ambos Espacios Naturales; para más información podemos llamar al teléfono +34 975 188 162.